El Real Madrid cambia el ciclo: gana ante su público la final de la Liga ACB al Barcelona
El triunfo del Madrid es el triunfo de un modelo de baloncesto. El de
la alegría en tiempos de racanería. La demostración de que se pueden
ganar grandes campeonatos jugando al ataque. Tras los patinazos blancos
en las últimas ocasiones, estaba en entredicho y perder esta Liga Endesa
habría sido una catástrofe de grandes dimensiones. Más si cabe teniendo
todo a favor: factor cancha, más plantilla, bajas en el Barça... El
Madrid se jugaba mucho más que un título. Se lo llevaron. También se
reafirmaron en que el camino de los dos últimos años es el adecuado. Por
fin han conseguido cambiar el ciclo.
El quinto partido, para no variar, tuvo sorpresas y actores
inesperados. Navarro jugó y fue titular. Eso sí, estuvo muy mermado.
Carroll también salió de inicio y acaparó los primeros focos. Luego le
seguirían Ingles, Jasikevicius, Darden, Draper... Todos tuvieron papeles
destacados por encima de las habituales estrellas. Pesaron más las de
un Madrid, que demostró el gen ganador que le faltó otras veces.
En el primer balón suelto que hubo, Mirotic se lo arrebató a Lorbek
con una fiereza inusitada. Se llevó la bola, pero casi arranca el brazo
del pívot del Barça. Fue una declaración de intenciones del Madrid. Su
puesta en escena fue la esperada tratándose del partido definitivo de la
final. Entró pronto en erupción. Gracias a una defensa colosal se
disparó en el marcador con un parcial de 10-0. Para entonces, Navarro ya
se había sentado en el banquillo sin anotar ninguno de sus dos
lanzamientos. Carroll, desparecido a lo largo de la final, había anotado
seis puntos, más que en cualquier otro partido de la final.
El Barça se incorporó al partido gracias a los tiros libres, a su ya
famosa zona y a la inspiración de Jasikevicius. A sus 37 años dio una de
sus últimas lecciones. Fueron minutos en los que él hizo de Navarro.
Anotó seis puntos y dio una asistencia mirando a la grada. El Madrid
sufrió un efecto gaseosa. Su sensacional inicio era historia. Daba la
impresión de que había arrollado y al final del primer cuarto sólo
ganaba por dos (20-18). Así son los azulgranas, que nunca acaban de
descolgarse. Tomic cerró un parcial de 0-10 para igualar y mediado el
segundo acto, el Barça se puso por delante gracias al acierto de Ingles
(31-32).
El Madrid volvía a pagar su poco acierto en los triples (2/13, ambos
de Carroll). Rudy seguía negado desde su línea maldita. Lanzó tres antes
del descanso y a cual peor: mala selección y peor puntería. Sergio
Rodríguez tampoco había recuperado su magia. Si el talento no relucía,
tal vez lo hiciera el músculo. Eso pensaría Laso. La salida de Draper
cambió todo. Su intensidad defensiva y su criterio se transformaron en
un parcial de 10-0 antes del descanso (41-32) que llegaría a ser de 19-1
después (50-33, min. 23).
Otra salida bestial de los blancos conllevó dos contraataques de Rudy
y él mismo se encargó de cerrar el parcial con un triple. Cómo lo leen.
A la vigésima acertó. Pero los 17 puntos de renta tampoco cerraron el
partido ni la final. El Barça regresó agazapado de nuevo desde su zona y
en ataque se entregó al increíble acierto de Ingles en los triples.
Ocho puntos seguidos del australiano rebajaron la renta a siete (55-48).
Otros ocho de Darden, que se ha ganado la continuidad, sacaron al
Madrid del problema.
La defensa blanca, encarnada en la intensidad del alero y de
Slaughter, encarriló el triunfo. Los azulgranas perdieron cuatro balones
al comienzo del último acto. El acierto de Saras e Ingles (48 puntos
entre ambos) sembró la incertidumbre en el Palacio. Navarro, que jugó
tres minutos en el tramo final no fue El Cid, pero sí apareció
Espartaco. Felipe, con un par de rebotes de ataque y unos tiros libres
encargó el título. El Barça, como siempre, batalló hasta el final, pero
esta resultó inútil. El Madrid había ganado su Líga número 31.