Isco guía a España hasta la final
Isco desplegó todo su repertorio de trucos de magia y con él España
voló hacia la final de la Eurocopa. Hubo que superar un escollo tan
desagradable como el del conjunto noruego, que presionó sin descanso
todo el choque hasta llevar al límite el nivel de madurez y control
mental de los jugadores de Lopetegui. Fue el rival complicado que se
presagiaba. No se parapetó al borde del área, sino que adelantó mucho la
presión y superpobló el centro del campo, justo el campo de trabajo
habitual de los jugadores españoles.
Tácticamente, el choque obligó a sacar lo mejor de sí mismos a Koke,
Thiago e Illarramendi, los tres mediocentros. Cuando uno venía a
recibir, los otros se liberaban; cuando uno apoyaba en corto, los otros
iban al espacio descolgándose. Fue la única manera de zarandear a un
rival rígido y robusto. Y también fue la única manera de que cuando Isco
recibiera lo hiciera donde su veneno es letal. El malaguista convirtió
en arte cada balón que tocó. En los primeros minutos hizo dos recortes
con los que detuvo la rotación de la tierra, aunque sus disparos se
marcharon fuera o se toparon con el portero Nyland, inmenso.
La jugadas a balón parado, aunque pudiera parece lo contrario por la
mayor estatura noruega, también sonrieron a España. Tello se encontró
con dos rechaces que pudo convertir en gol e Illarramendi hizo lo propio
en otro, aunque apareció Nyland de entre la maraña de defensas para
salvar a su equipo. La Selección dominaba, de forma más continuada que
peligrosa, pero con eso le bastaba. Tello gastó su sprint de cada
partido en una buena internada sin final feliz y Rodrigo probó el
aperitivo del gol con un tiro mordido que chocó mansamente con el poste.
El partido estaba tan comprimido que necesitaba aire por algún sitio.
Y el aire, el que suelen tener los campeones, llegó al borde del
descanso. Otro córner, otro balón suelto en una jugada a balón parado,
cayó en los pies de Rodrigo, que se quitó un peso de encima marcando su
primer gol del torneo y su 15º en 15 partidos con la Sub-21. El goleador
de este equipo apareció cuando más se le necesitaba.
El tanto templó los ánimos y despertó el de los noruegos. Lo normal
en cualquier otra situación hubiera sido mantener el balón y tratar de
moverlo de lado a lado hasta encontrar la oportunidad de sentenciar.
Pero era una semifinal y en las semifinales quien arriesga de más lo
acaba pagando. Noruega asfixió la salida de balón y obligó a España a
ser tan madura como en los partidos anteriores, sin conceder errores,
sin permitirse licencias. Las únicas fueron un par de cabezazos de
Strandberg que cogieron a contrapié a De Gea.
Así, no hubo un desenlace nítido hasta que Isco se encargó de
aclararlo. Casi al final, aprovechando una buena asociación con Muniain y
Morata, levantó la cabeza al borde del área, paró el espacio y el
tiempo, y marcó de puntera y tras un amago uno de esos goles reservados a
los genios. Porque Isco lo es. Vaya que si lo es. El trabajo estaba
hecho y faltaba poner la rúbrica, que llegó en los pies de Morata, quién
si no, en la última jugada. España está en la final y su futuro, el de
la Sub-21 y el del fútbol nacional, en manos de Isco. No hay mejor
noticia en estos momentos.