Otra fiesta roja con dobletes de Jesé Rodríguez y Deulofeu
Jesé y Deulofeu hicieron saltar por los aires el estreno de la Sub-20 en el Mundial con un ejercicio de contragolpes imparables, ADN hasta ahora irreconocible en las categorías inferiores de La Roja. Es esta una Selección diferente a las últimas, más contragolpeadora que de toque,
más directa que laboriosa. Acostumbrarse a ella también pasa por
aceptar que la coraza que la sostiene va a sufrir ante cualquier ataque,
sea cual sea el que tenga enfrente.
Para evitarlo, Lopetegui se blindó con Saúl y Campaña, dos mediocentros posicionales, y empezó con Suso de falso nueve
y Jesé y Deulofeu, vaya par de bestias, en los costados. Así, un centro
del culé al poco de comenzar lo remató el madridista para escribir el
mejor arranque posible en competiciones como estas. La ventaja abrió
grietas de todo tipo en la defensa estadounidense, metros por los que
poder clavar los cuchillos con los que cuenta España. Estados Unidos
también se asomó, muchas veces aprovechando las superioridades en banda,
por lo que Lopetegui decidió centrar a Jesé y situar a
Suso en una banda, más trabajador el del Liverpool, menos arriesgado
también el dibujo que jugar con dos extremos puros abiertos.
La fórmula funcionó. Óliver fue apareciendo más, sobre todo por
contar con un jugador como Suso más cerca, y cada envío a la espalda de
los centrales americanos fue prácticamente un mano a mano. Deulofeu tuvo
uno, también Jesé, pero no fue hasta cerca del descanso cuando se abrió definitivamente el melón.
El catalán, desde fuera del área, y el canario, empujando un pase de
Manquillo, sentenciaron para confirmar que este equipo en vez de picar,
acribilla.
La cuerda floja en la que había empezado a convivir el conjunto de
Tab Ramos era una invitación a más y más contragolpes. Los lanzadores se
gustaban y los corredores, también. Campaña vio a Deulofeu en uno de
esos balones al espacio y el culé firmo su doblete para no ser menos que
Jesé. Incluso Manquillo tuvo su oportunidad tras una galopada de las suyas, aunque esta vez sí apareció el portero Cropper. Así estaba el partido.
Cualquier mirada desafiante española hacía temblar a su rival y sólo
la tremenda diferencia en el marcador fue mitigando esa sensación. De
hecho, Gil hizo el tanto del honor en pleno carrusel de
cambios, cuando España ya pensaba en su siguiente compromiso ante
Ghana, cuando la tormenta de Jesé y Deulofeu amainaba. Fue un ciclón. Y
el ciclón no ha hecho más que nacer.